Seducir no es magia. Es lectura, timing y acción
Hay hombres que entran a un bar y en diez minutos ya saben quién está disponible, quién no, y cómo acercarse. No son más guapos. No tienen más dinero. Leen mejor. Esa misma habilidad es la que separa al vendedor que cierra del que manda propuestas al vacío. Al ejecutivo que convence en la sala…
